El matriarcado editorial chileno- Revista Qué Pasa

  • Sábado, 20 Febrero 2010 00:00
  • Publicado en Columnas
Marisol Vera. Editora de Cuarto Propio Marisol Vera. Editora de Cuarto Propio Nicolás Abalo

El asunto, claro, no es iniciar una guerra de sexos. Y menos hablar de una "discriminación positiva". Las mismas editoras lo saben. "En este oficio hay hombres extremadamente sensibles y de excelente oído literario, y mujeres brutas como topos, sin sentido del humor ni tacto ni conocimientos mínimos, aparte de saber combinar la ropa", dispara Palet. "Podemos ser más versátiles y completas en la edición en general. Pero los editores literarios hombres, cuando son buenos, son en realidad excelentes, logran rigores y profundidades asombrosas", comenta Isabel Buzeta, licenciada en Literatura de la UC que ejerció como editora en Grijalbo y Random House antes de fundar el sello independiente Uqbar. Desde ahí ha publicado tanto a escritores jóvenes, como Andrea Jeftanovic y Nona Fernández, hasta best sellers como Chile rumbo al futuro, de Edgardo Boeninger y varios de los de autoayuda de Pilar Sordo. "Eso sí, las mujeres somos más creativas en el ámbito editorial, porque somos menos prejuiciosas y representamos más mundos. Podemos ser más versátiles y completas en la edición en general", finaliza Buzeta.

Ellos las piden

Fue a mediados de los 80 cuando, en plena dictadura, comenzó a escucharse el nombre de Pedro Lemebel. Con el sector editorial chileno en su peor momento, los únicos disponibles para publicar a nuevos autores eran las editoriales nacientes y pujantes. Ahí es cuando Marisol Vera -quien llevaba un par de años al mando de Cuarto Propio, un pequeño sello independiente, luego de haber estudiado Economía en la Universidad de Chile y en Maryland- decidió publicar La esquina es mi corazón, el debut literario del miembro de Las Yeguas del Apocalipsis. La apuesta, por supuesto, era compleja. Lemebel hablaba de homosexualidad y de marginación social. Temas conflictivos en tiempos conflictivos. "Decidimos correr el riesgo y si bien no fue requisado, las librerías solían tenerlo bajo sus estantes y mostrarlo sólo bajo demanda", recuerda Vera. Si bien el libro no vendió, causó un efecto boca a boca inédito para la época. Tiempo después, en una Feria del Libro de Frankfurt, Lemebel -ya convertido en firma literaria reconocida- se acercaría a Vera y le agradecería la publicación de aquel título. La historia grafica algo que algunos escritores confiesan: las editoras tienen un olfato editorial diferente -más sensible y acucioso- al de los hombres. Otro ejemplo: Ygdrasil, de Jorge Baradit, una novela que mezcla ciencia ficción con sadomasoquismo, era ciertamente una carta riesgosa para cualquier editor. El manuscrito pasó por varias manos sin mucha suerte. Hasta que Andrea Palet, en ese entonces en Ediciones B, lo leyó y apostó por publicarlo, resucitando el género de la ciencia ficción en Chile. "No quiero decir que sea la editora del freak show, para nada", comenta Baradit. "Ella es muchísimo más que eso, pero claramente tiene responsabilidad en la aparición de estas rara avis de la literatura y, por extensión, en otras más recientes". Asimismo, entre los hits de Palet se cuenta Siútico, de Óscar Contardo (que va por la sexta edición, algo inusual para el mercado chileno), Memorias prematuras, de Rafael Gumucio, e Historia y poder de la prensa, de Raúl Sohr. "Desde el punto de vista del trabajo del 'editor', las mujeres suelen ser más abiertas a nuevos imaginarios y más atrevidas a la hora de diseñar proyectos editoriales, más dispuestas para el trabajo en equipo y con los autores", comenta Marisol Vera. "Los hombres tienden a ser más conservadores y a privilegiar el canon. Si lo piensas, detrás de la instalación del boom latinoamericano, por ejemplo, estuvo la poderosa agente literaria Carmen Balcells". Pese a que asegura que la figura del editor ha cambiado y ya no hay tanto feedback con el escritor, Mauricio Electorat (quien editó su última novela, Las islas que van quedando, con Alfaguara) asegura que "mis manuscritos han sido leídos mucho mejor por editoras que por editores".

"Vamos bien. Pero claro que en los puestos directivos... ya te imaginas que ellos predominan", aclara Andrea Viu. Y luego advierte: "Aunque espérate no más. Ya vamos para allá también".

Fuguet da fe del cambio de pasar de trabajar con editores a alguien como Andrea Viu, de Alfaguara. Recuerda el difícil trato en sus novelas iniciales y agradece la actitud "maternal" de Andrea en la edición de su último libro, Missing: "Me estaba llamando constantemente. Me contaba sobre la crítica que había recibido. Además, me daba en el gusto en cosas que otros editores jamás cedieron, como no tener lanzamiento o lo de dejar en algo ambiguo el género al cual pertenece Missing". "Siempre están y tienen un minuto; saben apagar incendios, saben delegar, son derechas, exigentes y van siempre para adelante", dice Patricio Jara, quien ha trabajado tanto con Palet como con Viu. "Cuatro de mis novelas han tenido editora y siempre fue una muy buena experiencia, sobre todo a la hora de organizar el trabajo, que es tanto o más importante que, por ejemplo, discutir un párrafo". Experiencias muy lejanas a la época en que el escritor argentino Juan Forn llegó a Planeta. Su forma de editar, demasiado brusca para algunos, le valió el decidor sobrenombre de "manos de tijera".

"Aunque hay mayoría de mujeres en la parte editorial, todavía en los puestos de marketing los hombres siguen al mando", dice Melanie Jösch. Pese a eso, aquel escenario podría eventualmente cambiar. "Vamos bien. Pero claro que en los puestos directivos... ya te imaginas que ellos predominan", aclara Andrea Viu. Y luego advierte: "Aunque espérate no más. Ya vamos para allá también."


Revisa la entrevista acá http://www.quepasa.cl/articulo/6_2157_9_2.html