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Isabel Gómez - Enemiga de mí: La extranjería del ser. Por Eugenia Brito

  • Miércoles, 05 Febrero 2014 00:00
  • Publicado en Columnas

Texto de presentación del libro "Enemiga de mí" de Isabel Gómez, por Eugenia Brito. 22 de enero 2014.

 

Isabel Gómez es una poeta chilena, autora de siete libros de poesía, entre ellos,  Un crudo paseo por la sonrisa,1986;  Versos de escalera,1994 Pubisterio,1990 , Boca Pálida, 2003,Dasein, 2006 . Ganadora del Premio Pablo Neruda, 1997.

 

Autora de dos antologías importantes El lugar de la memoria, Ed. Ayun 2007 y Voces de la Memoria.Centenario en el bicentenario. Antología de poetas y narradores latinoamericanos en los 100 años del Partido Comunista de Chile(2012).

 

Su poesía ha sido difundida en Antologías y Diccionarios tanto en Chile como en el extranjero. En 1995, fue premiada por el Concurso de Becas, convocado por la Sociedad de Escritores Noruegos y Sociedad de Escritores de Chile.

 

En Enemiga de Mí, Isabel Gómez  construye una imagen dual,  la figura de la enunciación que acota el presente y la figura de una otra cercana pero distante, la que ha vivido una historia que guarda una memoria de la que se desprende, con cierta melancolía  y distancia, buscando en el presente, las formas que  le permitan dialogar críticamente con el duro pasado de la historia nacional, por lo cual, cierra el ciclo de su  primera juventud, rearticulando  una figura que dialoga crítica  y cuestionadoramente con la subjetividad dela otra, crítica y cuestionadoramente:  “la que se marchó con mi nombre/ la que duerme en mis lágrimas/ con su equipaje roto” (p.11).

 

Encarnada en su propio cuerpo, como una imagen derrumbada, más que eso, una imagen desencarnada y por ello, cancelada, como una grieta, una fisura del tiempo contemporáneo que ha  disputado y sustraído una gran medida de los imaginarios locales.

 

Sylvia Molloy   y Sara Castro Klarén en su Antología de Escrituras de Mujeres Latinoamericanas,   Westview Press, 1991, señalan que las mujeres culturalmente han ocupado estrategias para hablar con los poderes y conseguir una voz. Las estrategias  lindan con el disimulo (simular hacerse la ignorante, como Sor Juana Inés de la Cruz y Gabriela Mistral ) para negociar con el masculino  dominante. La negociación consiste en el camuflaje de la identidad, que es otra de las técnicas de los oprimidos  o de  las gentes que ocupan  posiciones  subalternas, que carecen de poder para ocupar   con legitimidad  un habla, una política, un cuerpo. Los subalternos, no tienen habla, no pueden hablar,dice Gayatri Spivak, y esto significa que no tienen incidencia, impacto en  la historia, o en la política que domina su cultura. Entonces el habla de toda subalterna se teje con la del dominado, por sobrevivencia, pero al mismo tiempo, se teje con las huellas de un otra habla,  un habla  que se autogestiona  con las huellas de la experiencia del ser.

 

Si Alejandra Pizarnik pensó que un barco se alejaba de ella, llevándola,  y  G.Mistral pensaba “Estoy donde no estoy “, la nada ha asediado a las poetas, el vacío especular de habitar  poblados y definidos estereotipos que marcan el colonialismo de  otros,  sobre  la historia  identitaria de las hablantes.  En general según S. Molloy, es la mujer laque experimenta esa oquedad, esa privación de una imago sustantiva del yo, en un yo conquistado hace siglos por la ausencia, la privación y el abandono.

 

Entonces Isabel Gómez  elabora  una imagen de “perdida “ y “ desdibujada “,como lo hiciera anteriormente Gabriela Mistral, una imagen que tiene una tradición  en la poética y narrativa.Así  dice: “Salí a buscarme por avenidas/ de pueblos que nunca vi/. De casas que se alejan / y de animales que  vuelven a domesticar nuestro dolor”.p.31 Esta imagen  se encuentra en Gabriela Mistral en poemas de Tala, en los que hace una crítica  sutil pero radical  a la subjetividad mujer proponiendo  la homosexualidad en vez de la heterosexualidad, hablando de la tristeza de la vida en la provincia y  tratando de articular una imagen alternativa  con respecto  a la patria. Lo mismo pasa con María Luisa Bombal, en La Ultima Niebla   pero su imagen es  más desrealizada  y sumisa que Mistral, Isabel Gómez  propone esta imagen de desencuentro entre ella y la otra como  cansancio a la historia, devorada por el neoliberalismo y el mercado,  y así se convierte en un signo saturado  de estereotipos, un signo que derrota el silencio  y que  genera un andar “ a prisa entre tinieblas“.  La historia ofrece a través de los medios de comunicación esas imágenes que ella quisiera olvidar, no obstante, el olvido deja en la conciencia su  peso ancestral, como señalara Alfonsina Storni,en el poema homónimo. Como en “Personajes Olvidados”, p.37. “Qué solo está  el mundo hoy/ escribiendo una novela que nadie entiende. /Con personajes cuyos rostros/ ensayan la historia de los hombres/la ilustrada historia que  me olvida y olvido”.  Se pregunta  quién limpiará   las voces de tanta orfandad. Gómez se pregunta por las familias de los detenidos- desaparecidos, por todos los destruidos y avasallados  por la dictadura y la posdictadura, buscando entre las difusas luces de la posmodernidad y la poshistoria, algún intersticio , alguna fisura, para poder respirar encalma.

 

Testigo de las ruinas de una historia que se elabora entre despojos desechos y desastres, señala que no volverá a transitar por  ellas, “arrastramos los sueños” señala  en la página 27 “de ciudad en ciudad y  recitamos poemas donde “la pobreza es la voz  / el género / la bandera rota”.  El poema es la expresión de esos tránsitos que Isabel Gómez busca, de ese nombre que falla a su cuerpo, el nombre que abra el sentido del ser en el que la poeta indaga.

 

El testimonio de dolor y de pérdida actúa así, elaborando imágenes de  rotura, fractura y miedo, ensayo de fractura y búsqueda de nuevos signos, a partir de los cuales  iniciar la búsqueda de nuevos sentidos, de otros paraderos y cuerpos con los cuales hacer nuevos y diferentes pactos.

Una historia de mujeres incomprendidas  son los espejos que busca Isabel Gómez, la revolucionaria y sufriente Frida Kahlo y  Camille Claudel,  muy mal enamorada de Rodin, que viviera en un manicomio largas décadas sin visita alguna de su hermano ni de Rodin.

 

¿Diríamos que este fenómeno de alienación extrema ya no pasa hoy?.

No se sabe, quisiera creer que ya no,  al menos hay un consuelo en la figura metonímica de las rosas blancas  que se ocultan, señal enigmática de vida y sensualidad, aún no llevadas a la muerte y que atisban las primeras gotas de rocío para volver a emerger, en el tiempo,con  su aliento de  frescura y liviandad.

Ellas son guardas de un tiempo nuevo, que contenga lo mejor de ayer   en preparación para el  tiempo que vendrá, reparador a abrir el cuerpo y  sostener un  habla nueva.

 

Eugenia Brito.

Enero/2014.