Matria de Antonio Silva
Por Patricia Espinosa H.
Profesora de literatura y crítica, Pontificia Universidad Católica de Chile.
El pensamiento crítico en Chile, está siendo devastado. Si tal proyecto iniciado por la Dictadura- no tuvo un éxito inmediato, la política neoliberal de la Concertación sí ha logrado instalar la indiferencia y el silenciamiento crítico. En términos mediales la pérdida es casi total, la desaparición del sujeto crítico ha sido feroz. En términos literarios la narrativa post ’90, acusa el arribismo globalizador y la desideologización de los discursos con total desenfado. Son mínimos los casos en que los narradores escapan a tal hegemonía. En cuanto a la poesía, el golpe asestado por el mercado ha incidido en una actitud diferente. Sus lineamientos van así por la autogestión y muchas veces por la adscripción a una estética que sí es capaz de ver o abordar qué pasa con los procesos culturales, sociales en los que se ve inmerso nuestro país, principalmente desde las micropolíticas de resistencia que experimenta un sujeto común en el desamparo e individualismo que ha consolidado la Concertación. Tras la Dictadura, vino el simulacro de la Democracia adherido al mito de la Transición. Una transición que sirvió para acallar discursos críticos, expulsándolos de manera más definitiva
que lo que logró hacer la dictadura. Castigar a los cuerpos e imponer una mordaza nos parecen hoy procedimientos terribles, pero finalmente rústicos como procedimientos represivos. Había que esperar a la nueva generación de tecnócratas concertacionistas para que el proyecto hegemónico se cumpliera de manera más eficiente. Sin dejar de ocupar los medios represivos de la dictadura, como lo atestiguan en estos mismos días las comunidades mapuches, se creó un sofisticado aparataje de silenciamiento y saturación. Saturación que es a la vez catástrofe y banalidad. Sin embargo, seguimos sustentando que mientras haya cuestionamiento o crítica existe la posibilidad de revertir la exclusión, de interferir en campo de lo visible concertacionista. Por cierto, el verdadero apagón cultural está sucediendo a nuestra vista y paciencia. Es por ello que me parece tremendamente importante que emerjan escrituras que se nieguen a este apagón cultural programado por las políticas culturales del Estado. La poesía de Antonio Silva se ubica en la otra vereda, en un lugar de repudio y reciclaje tanto literario como ideológico.
Entonces, oscilar por el neobarroco y por el camp.
Privilegiando la figura del sujeto mujer y homosexual.
Están las huellas de Lezama Lima, Sarduy, Perlongher, Kozer, y hasta Sor Juana.
Fragmentos afincados en Latinoamérica.
Reconocibles en Chile.
En una geografía, una topografía que recoge tanto al mestizo como a la figura indígena inscritos en un lenguaje poético que les configura un lugar al femenino- indígena-homosexual.
En el poema “Matria”, que da título al libro, se dice: “En la ceguera vi a la india que cuelga de mis vértebras,/ loca que ejercita en mapuñol/ el celular corro de las soledades”. La crítica social se trama en esta suerte de elegía invertida, dicha por un yo aindiado, que acusa el exceso de un lenguaraje español ampuloso, denigrado, del cual se apropia para usar como carnada y concitar escenas de denuncia.
El recargamiento de la palabra, la proliferación adjetivante en la construcción del verso, la hiperbolización de la mirada que no duda en imbricarse con la eroticidad genera ornamento ligado a la idea, al concepto, al régimen discursivo. Un ornamento que asimilado a una realidad que emerge ingenua, a ratos prístina, pero también mancillada,
infecta el engranaje lírico llevándolo hacia la marginalidad, hacia lo lumpenesco, callampero, poblacional. Silva consigue manejarse en un doble movimiento, el del artificio y a su vez la potenciación de la política del artificio. Es decir, instala la teatralización performativa; en el sentido en que ésta opera en tanto el lenguaje produce la realidad a partir de la creación de una escena. La teatralización preformativa, es la contestación a las determinaciones históricas que la norma/poder ha impuesto respecto al sujeto que puede hablar, el cómo debe hablar y desde dónde hablaría. La teatralización performativa, indica así en la poesía de Silva la instalación de una práctica discursiva que crea realidad exponiendo su propio artificio teatralizador para así instalar un diálogo con el fuera del texto a partir de sujetos particulares: la temporera, la travesti, la loca, la indígena: “CUANDO NIÑA SOÑABA CON SER/ LA SIRVIENTA DE UNA TELESERIE MEXICANA – (MUCHACHA ITALIANA VIENE A CASARSE)/ AQUÍ LOS RESTOS/ PARADA EN CUATRO TABLAS/ EN CUATRO BOCAS CUATRO/ QUE PREFIGURAN UNA CASA/ UNA MEMORIA/ CARDUMEN DE CHOZAS/ ENDEUDADAS HASTA EL BRASERO DEL ALMA/ DIGNOS PERO DIGNOS”. Decir poéticamente, se
vuelve entonces una apertura que intensifica, hiperboliza el carácter no solo rebalsante de lenguaje sino que además, da lugar a sujetos tachados por la teatralización que impone el poder. Asistimos entonces, a una teatralización o puesta en escena de sujetos excluidos, marginados, despreciados pero dignos.
Atisbo también esta escritura, rastros de aquello que Susan Sontag denominó camp: una estética atraída por lo artificioso, exagerado, irónico, paródico, “pastichoso” (sic). Arte y género no son definibles. Pero sí parodiables. Lo masculino y lo femenino, el lenguaje, la poesía se entienden a partir de una convención, de la reiteración de normativas asumidas como un original fallido, sin lugar ahora solo queda la intervención performativa politizada como señala el poema “Pretexto”: “Cirios vulgares sándalo y soledad/Un gato de loza siempreviva siempremuerta/ Laurita Vicuña en un vergel de nylon/ Peluches y trapos/Angelitos de un dorado muerto/Y en el centro la india mirada de una huérfana”.
Silva y el sueño de la niña que quiere ser la sirvienta de una teleserie.
Silva y las cuatro tablas que semejan una casa.
Silva y su mirada sobre la pobreza y la dignidad.
En el poema “Beatitud” inscribe cinco segmentos que asumen el formato de carta de petición o de agradecimiento. Todas realizadas por una firma que convoca a distintos sujetos femeninos que se dirigen a una animita. El universo popular desposeído busca auxilio en la animita también femenina, en la oración existe aún la posibilidad de salvación o de escape. Hay en esta escritura una relación conflictiva con la religiosidad, la creencia se ratifica en la fetichización de la santidad; así, más que desacralizar la figura de Cristo o María, ligados a los padres, al origen, se instala un panteón materializado en San Sebastián, San Antonio, San Judas Tadeo, la animita. Religiosidad popular, el habla popular, la mirada poética centrada en y desde lo popular. En cada escena poética, hay un afán por resignificar prácticas de vida, de dolor, de sufrimiento, de ocultamiento. Quizás por ello, la palabra no teme ensuciarse con el juicio discriminador en tanto contestación política tal como sucede en el poema “Los maricas” donde dice: “De la mano van los invertidos/ Al encuentro de matarifes, lumpenaje y soldados/ Al encuentro de mi canto/ Al encuentro de un plumaje abanical/ Locos y tristes los maricas/ Condenadamente alegres/ Indeciblemente bellos,
bellos”. Silva utiliza el lenguaje homofóbico para luego revertirlo mediante la inserción del hablante y su poesía, su canto que solo puede verlos a partir de su condición de belleza despatriada en un Chile “que deviene/ Lágrima, pene y herida”, como señala en el poema “Lingual”. El afán paródico de Silva refuerza el cliché para luego desautorizar normativas de identidad sexual y, desde mi perspectiva, del uso de la lengua. La hegemonía sujeto blanco, masculino, hétero, letrado, es revertida continuamente a través de estos textos como parte de una estrategia que deslegitima y legitima el uso del habla culta, de la iconografía católica, lo masculino-femenino, lo gay o lo transexual. Las performances ambivalizan los significantes y, con ello, la normativa hegemónica. Juana Iris es al amanecer Jonathan Riquelme Melenao, al igual que la Gabi cuyo nombre puesto entre paréntesis es Gabriel Ricardo o José Melenao, oriundo de Temuco, ahora llamado Rachel. A partir de la presencia de Juana Iris, la mestiza travestida, emerge en plenitud la lírica “abolerada”, modernista, ligada a la ambivalencia, el recargamiento, al son, al sentimentalismo lacrimoso. En el poema “Cortometraje” se dice: “] tras el venezolano culebrón el lector deberá soportar el/ catódico lagrimeo de María Jorquera -temporera y
bataclana-[” (sic). El formato folletinesco latinoamericano es expuesto como sitio en el que habita el discurso amoroso de un sujeto ambivalente que observa en el otro “caer una liendre de plata” mientras “Instalas tu dedo en una nube de moscas/donde las alas son puertas y ventanas”. La belleza siempre será posible, aun en medio del horror y la tristeza. “Exilio” se remite al yo, al lugar de origen, “un pueblo miserable”, “un colegio de machitos”, “mi odio” y una tristeza que se agudiza cuando “Alguien dice ‘se va la loca’” al partir el tren.
“Simulando aprendí a ser verdadero” es el verso que abre los tramos finales de este volumen. La simulación o el simulacro, es un acto de representación, una performance, que desoye el origen, que ha perdido la noción de originalidad. La realidad es siempre una representación imposible, un simulacro, una performance que crea verdad a partir de la propia condición de simulacralidad. La literatura es también un simulacro, y entiendo simulacro en tanto simulacro performativo: un acto que crea realidad en el mismo instante en que se realiza. La poesía de Antonio Silva, crea una realidad que parece desbordar la página. Una realidad que nos habla de amor, muerte, placer, tristeza, desamparo. Matria es una suerte de viaje, una oración, un dispositivo protector ante
la eficiencia de un sistema que no ceja en marcar la diferencia a partir de binarismos, inscritos incluso en la noción de género. Devenir mujer o devenir hombre limitan nuevamente el espectro de opciones de movilidad posible. Matria espejea la multiplicidad, el chorreo semántico, la proliferación tanto del lenguaje como del estatuto de género sumidos en la dualidad. La escritura, el verso, el poema no temen el rebuscamiento, la cursilería, el engalanamiento, el desborde; porque la realidad, la posible y tal vez equívoca realidad de la cual pretendemos sostenernos, es también asimilable a un texto politizado, camp, performativizado, teatralizado con desmesura. Un lugar: el texto, para exponer sin más el desborde de la poesía.
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MATRIA
por Maurizio Medo
Reseña
La palabra Matria encuentra su origen en los pueblos mapuches. Más tarde, Kristeva lo identifica como un “otro espacio,” uno que está más allá de la idea del terruño o de la legitimación de cualquier Estado para constituirse, más bien, en un lugar interior (por lo tanto, en un lugar sin dónde) en el que se crea un “cuarto propio.” Pero la poesía de Antonio Silva está incluso más allá de esta idea. Desde fuera de los estamentos oficiales (y los mainstreams literarios) se apropia parcialmente de los lenguajes de una tradición y, al mismo tiempo, de sus periferias; es decir, de lo que niega esa tradición, para hablarnos con una lengua de portento tal que en él encuentran una voz los territorios excluidos por la poesía. Silva –con sus personajes, travestimientos y máscaras– consigue hablarnos ahí donde callan los poemas. Su escritura rompe con todo formato, vence las dicotomías pensamiento-palabra, lenguaje-habla, creación-crítica, masculino-femenino, para erigirse como una zona comunicativa en donde su decir rompe la barrera entre lector y autor. Su escritura es la de la libertad. Aquí todos participamos de una suerte de carnaval mapuñol adentrándonos en la utopía de una lengua futura que va cobrando vida conforme va siendo descubierta, y conforme nos habita. Me atrevería a decir que esta Matria pajaral aparece de una síncresis de lenguajes para reinventarlos en una babelita en donde lo villero, lo neobarroso, lo carnavalesco y lo gutural se hablan simultáneamente, comprendiéndose unos con otros.
Salve, Silva.
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El lento retorno a Casa: Matria
por Felipe Ruiz
El llamada hacia cualquier lugar poético, el llamado hacia cualquier destino que cifre el poema en su morada, debería a lo menos considerar algunos impedimentos de entrada. Que la filiación por la que poema y lugar van a compadecer no se limita únicamente a establecer la residencia del poema como si este fuera, sencillamente, depositario de una lengua. Por otro lado, lo que augura el poema, es decir, lo que el poema destina hacia su acontecer en la presencia, debería estar clausurado al momento en que la relación con el poeta se vuelve absolutamente deslindada de cualquier ejercicio oracular, por más que las vicisitudes propias de un sistema poético nos hablen todavía de algún tipo de pronóstico.
Pero lo que resta lo fundan los poetas. La cita es de Heidegger y es del todo pertinente a la hora de enfrentarnos a Matria. Un poema que sin buscarlo funda, porque de nada sirve hacerse los ciegos: este poema instala desde el momento de su lectura hasta el mismo lugar desde donde arranca cualquier crítica un recorrido por una matria fundacional, en cuya desmesura quisiera aquí depositar mis palabras.
Con tal que la poesía se establezca como un juego de ficción, como en reiteradas veces lo intentan hacer Silva, lo que debería salvarse es el territorio sobre el cual se sitúa, es decir, y en este caso, la patria. Matria y Patria van a establecer así su juego esquivo, su dialéctica, con tal de no escatimar la necesidad de refugio a la que el poeta alude. La Matria se vuelve el lugar para instalar cierto tipo de ficción sobre el territorio, porque de cualquier forma que se lo mire, la forma en que la ficción se realiza es devolviendo a la zona de riesgo de cualquier poema un espacio de salvataje por la que el lector se siente en presencia de un simulacro y no de un estado de verdad aseverada. Cito:
Que es un pájaro una amatista un fonema una cajita musical
un prendedor la saliva de tu madre un armonio un adaggio
en la piel de tu enamorado un rojo cardenal en el hilo muerto de tus_________ una pérgola un disfraz una guirnalda en el atardecer de un verano
(el clímax desvanece el decorado y como en una ópera China, te entregas a lo misterioso)
Lo que es queda así expuesto al devenir de un misterio. El misterio es lo que salva al poema de ser simplemente la reminiscencia a un lugar datado y nombrado, y lo encausa hacia un lugar cuya ficción podría ser de modo muy radical la vuelta de Matria a su lugar de origen. El misterio queda así expuesto en su radical disimetría con cualquier Dios que intente imponer una omnímoda complacencia ante la retirada del poema de su lugar oracular. La vuelta o retorno a ese lugar está en vistas, y a lo más podemos estipular pequeñas señales o esbozos que permiten, complacientemente, prefigurar la huída del poema desde su punctum de realidad hacia una salida más decorosa, o decorada, si se quiere, y esta salida se viene pensando desde la noción misma de simulacro que gobierna gran parte de esta obra. La retirada del poema es hacia ese lugar, Matria nos reenvía hacia esa prefiguración del lugar femenino donde va a operar la ley de la ficción y su gobierno. No hay fijación aquí con un Edipo masculino, no hay aquí condensación alguna bajo la cual la ley del padre va a realizar su condena sobre el sujeto empírico del poema - Antonio Silva -, sino que hay, a lo sumo, trazo y desplazamiento desde la situación peculiar en la que el sujeto se encuentra.
Pero debemos ser claros: esta retirada es un retorno. La operación más espectacular de Matria es volver la prefiguración de cualquier fetiche de poesía homosexual, de cualquier slogan o rúbrica bajo el que podría recaer este libro hacia un lugar cuyo destino dista del espacio urbano donde se ha singularizado, como en Perlonguer, como en Lemebel, como en Casas, como en tantos, el lugar de lo homosexual.
La selva lírica, para citar otra vez a Silva, realiza la distinción que Heidegger apunta entre sexo y género, y reenvía el poema hacia un lugar anterior al espacio donde se va a realizar la distinción operativa, productivista, de los géneros. La operación de ruralización que realiza Silva sirve de punto de llegada a su poema. Ahí encuentra su lugar. El misterio no se opone al poema sino que lo materializa.
Lo rural adquiere, entonces, una sinonimia con los inocente. La inocencia de estos poemas queda así traslúcida por un hablante que es desmesuradamente inhumano, es decir, que no se encuentra bajo los patrones de referencia de una economía del cuerpo, de unos signos de intervención de la mirada, del habla, del sentido en general. No es, en lo absoluto, el travesti. Es algo mucho más complejo y espectacular a la vez: es, en suma, la pureza de un hablante que se asume como anterior a la distinción entre naturaleza - humanidad que ha realizado la civilización. Así, depurado de cualquier noción vulgar, por pasajera, de género, el hablante de Matria es primitivo, entregando el sentido de la poética a un sentido por la acción y la costumbre que habría que explorar, probablemente, en otras culturas.
Contra la exacerbación fálica y violenta de otras hablas que se dicen homosexuales, la poesía de Silva es claramente refinada y es poética, en el sentido más originario de la palabra. Como lo he planteado en reiteradas oportunidades, me parece que Silva es, por mucho, el mejor poeta de la generación del 90 y la así llamada novísima. No es sólo la soltura con que maneja el registro de su pluma, no es solo la prosodio, sino, esa extraña mezcla de empatía y desamparo que transmite este libro, cuyos rendimientos espero no se agoten en lo que yo he podido plantear aquí.
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MATRIA: UNA POÉTICA DEL SIGNO.
Escritura e imaginario de Antonio Silva a partir de su libro Matria.
por Valentina Schulze Uribe
Abordar la poética de Antonio Silva, significa comprender la esencialidad de su escritura a través de los propósitos que la sustentan. Propósitos que en el tránsito inaugural de su estética, contenida y manifestada en su libro Matria , instalan la construcción simbólica de un nuevo imaginario, tramado por el artificio de la letra, patente en la intensidad metafórica de su relato post-vanguardista.
El autor, comienza su libro con una cita a modo de interludio, recreando el escenario contextual en el que su paso se inscribe en el tiempo, la mirada se vuelca hacia el espectro ensayístico de la ópera, que a modo de sátira, nos invita a contemplar la función por medio del cristal, apreciado en la suma repetitiva de la pobreza decorada con acentos oníricos. Silva introduce la alegoría como recurso, figura que desarrolla a lo largo de todo su libro, así articula la personificación de la pérdida de identidad americana, en la imagen artificial de la femineidad primitiva que se exhibe en escena, cuyo desplazamiento de significante, expone la conversión en fantasía deseada. Imagen idealizada que bajo el nombre de "selva lírica" delata la cualidad ambigua de su apariencia, donde lo ilusorio invita al receptor a husmear en la imagen simbólica que porta, y por otra parte, donde la extrañeza alienante de su condición, al presentarse como territorio desnaturalizado, irreal, travestido, se descubre a modo de parodia, deviniendo espectáculo bufo a la mirada del autor, quien a la vez invita al lector a hacerse partícipe de la risa a ser liberada. Así, por medio del sarcasmo desmitificador de sentido, Antonio Silva revela el "leit motiv" de su escritura. Torna patente, en la dicción del relato en primera persona con que inicia su narración, el carácter rizomático de la otredad múltiple que éste y ésta encauzan -tanto el relato en primera persona como la narración-, y cuya voz testimonial, al hallarse ante la inquietante perturbación originada por los condicionamientos sociales y culturales de una 'identidad humana no identificatoria', renuncia a ella, abdicando a la realidad, apartándose de la ilusión del mundo cuan Edipo, rompiendo con la condición genérica que lo subsume, convirtiendo su cuerpo en el soporte estético de lo femenino y ecualizándose y reconociéndose en la imagen latente de la india travestida en "selva lírica", que cuelga y se manifiesta como espectro de sí mismo. Revelación trágica del autor, que a la vez la redime a través del preciosismo lingüístico, en donde la frase, cargada de barroquismo, interviene el contexto paradójico que lo contempla, y permite el izamiento de un nuevo imaginario, la construcción simbólica de Matria, metáfora que Silva ocupa para denominar el surgimiento de una nación, de un edificio, de un continente, de su libro.
Antonio Silva expone:
"He inventado una patria para los despatriados,
mi pequeña ítaca, mi futura lengua
Para el ignoto fulgor que vibra en ventanas tapiadas,
Para el hechizo que una mujer despliega en la finitud de las tiendas
Para la carcajada cesante en la fugacidad de un atardecer alcohólico
en un tempo áfono y áfasico
Para el cuenco donde las cosas caen y,
donde cada sentido riza la concavidad de un cuerpo
Para la pequeña distancia de tus huesos
que imita un futuro día blanco Blanco
de mi memoria
Para el espejal gesto de tu mano
en la trenza de la selva
Para la disposición de lo bello." (1.)
El sentido estético de su escritura fija la desconstrucción sintáctica y semántica del signo, desarticulando la historia mítica latinoamericana y chilena, desvelándola en acto de denuncia, tornando manifiesta la dramática situación que la encarcela y posibilita: el devenir del cuerpo social americano, tras la imagen heráldica de la pérdida. Un cuerpo social y cultural caído en desgracia, violado y violentado por los parámetros capitalistas tardo-modernos que, al apropiarse de su figura ideal, la transforman en el 'motor deseo' de sus carencias y ambiciones. Motor deseo que se mimetiza, funde y confunde con la imagen simbólica de la prostituta, de la deidad desdoblada en un otro, trasvestida, vestida o maquillada con las exigencias y economías de la moda, con los objetos y ropajes de exportación impuestos por los órdenes foráneos. Y es desde allí, donde el autor emprende su nueva abdicación, encauzando la desconstrucción de su propio desvelo, invitando al placer siniestro de la caída, vivenciada en el fulgor de la letra, en el flujo rítmico de la palabra, del significante abierto a su inocuo e inicuo desplazamiento, al barroquismo lúdico, sarcástico y metairónico con que articula el sentido infinito de su libro. Antonio Silva renuncia a los aspectos compositivos de la novela tradicional, desborda los ejes residuales del Realismo Mágico, se inmiscuye en los referentes vanguardistas o neovaguardistas que bajo la pancarta del post-estructuralismo o desconstructivismo francés, y de la noción "arte-política" formaron el paradigma de la escena crítica del Chile de los años ochenta. El autor se apropia de retazos estilísticos pertinentes a la producción literaria de la "Nueva Escena" (2.) , los amolda y adecua a su propio relato, los libera de sus pretéritas amarras políticas y politizantes, sometiéndolos a un barroquismo extremo, en el que el artificio decorativo de la palabra, retiene a la vez el gesto dadaísta o simbolista, que, mediante la asociación libre, desata el impulso metafórico de los conceptos, de esta manera se percibe el estallido del significante en los parámetros de lo real, rompiendo sus ordenamientos, permitiendo la alucinación, el sonido, el ruido visual y la dislocaciones del lenguaje y del contenido.
La vertiginosa exquisitez que nos invita a vivenciar Antonio Silva a través de su libro Matria , deviene experiencia estética en la mirada del lector, quien al concertar el extraordinario e inusual uso del versolibrismo, de la prosa poética, o de la lírica en sí, de pronto se ve inmerso en un nuevo imaginario, cuando el autor lo sitúa y posteriormente lo descoloca, afirmando: "El poema ha adquirido independencia, o quizá aun permanezca ahí" (3.) , suponiendo en sí misma, aquella aseveración que hace conciente los propósitos de su libro: la conquista de la autonomía de la forma, de la letra, del verso y, por otra parte, su sola pretensión. Pretensión que al estar sujeta a la idea, a la fantasía latente en la frase, fija su estado de posibilidad o de nada, sumiéndose asimismo en una nueva y desconcertante noción estética : "La desconstrucción por la desconstrucción" , donde las fases aleatorias del signo se manifiestan como tramas estilísticas a ser descompuestas, evidenciadas o satirizadas, ya sea por el devenir histórico de la escritura, como asimismo por su propio autor, en el momento en que éste realiza simulacralmente el gesto rupturista del espíritu, manifestado en las diversas concepciones de lo humano. El carácter rizomático del signo se instala a la vez como motivo para elaborar una problemática del lenguaje, que bajo el epíteto del 'infinito posible', se conjuga con la voz de la otredad. Con la metáfora homogeneizadora o la alegoría, con la dicción del esquizofrénico o el modelo esquizotípico de la tardo-modernidad, símbolo de lo humano transformado en máquina sin órganos y en máquina deseante, en sujeto desterritorializado, alienado, deshumanizado, fragmentado, vaciado de identidad y recompuesto a partir del deseo generado por los productos de la industria. Productos con los que el hombre se arma, viste y condecora. Así, el gesto de Silva por rescatar y evidenciar los datos testimoniales paralizantes de la sociedad chilena y latinoamericana del hoy en día, así el recetario y los resquicios de la pobreza figurados a través de la carta y de la nueva mediagua institucional del estado, ofrecida como lugar de habitamiento, Así, el lenguaje dislocado, anómalo, deformado, transfigurado en acontecimiento onírico que delata el quiebre con las convenciones lingüísticas . Así, las distintas posibilidades de lectura expuestas a los parámetros de lo verosímil, de las que se sirve Silva para enarbolar los "cortes-flujos" de la palabra, tratada en su ramaje laberíntico.
La expresión simbólica de los distintos contextos imaginarios y reales, la omniscencia y conversión autorial en diferentes voces sumidas a esos contextos, la sucesión, intervención e intercalación de los estilos, de "la primera persona del singular" devenida 'tercera persona del plural', cobra una condición relevante en la estética de Matria . De esta manera la dicción de denuncia del autor, aprehende y revela una objetividad distante mediante el relato en tercera persona, delimitado a la vez por recursos ajenos a la especificidad literaria.
Silva inserta dentro de su libro, en un ejercicio metonímico, parámetros técnicos pertinentes al lenguaje del cine, abordándolos en un vuelo sorpresivo que posibilitan la producción de la letra, bajo los códigos lingüísticos de la cámara. Así, la insinuación intermitente del "discurso indirecto libre" o de la "subjetiva indirecta libre" que recuerda el cine de poesía de Pasolini, y que, en palabras de Deleuze, remitiría a "superar lo objetivo y lo subjetivo hacia una forma pura que se erija en visión autónoma del contenido" (4.)
El acontecimiento de la superación de lo objetivo y lo subjetivo de la narración, es asistido por su propio autor, quien por medio de la cámara liberada, desconstruye la expresión subjetiva del yo -expuesta en el relato en primera persona- y la expresión distanciada u objetiva del otro -develada en el relato en tercera persona-, al situar al "ojo de la cámara" como el principal protagonista, que en sus locuaces apariciones, posibilita, delimita, dirige y supera los anclajes pertinentes a la especificidad literaria del signo, siendo a la vez vehículo sígnico. Acento metonímico, que a través de la consigna "pars pro totto" (parte por el todo), expone una relevancia simbólica dentro de la narración.
La incorporación de la cámara como artificio narrativo, también podría suponerse como una cita a los recursos 'extra-literarios' incorporados en el programa neovanguardista de la novela Lumpérica (5.) de Diamela Eltit, que sin embargo Antonio Silva los exhibe, con la sola intención de desarticularlos por medio del arpegio desconstructivo, del apartamiento de los discursos políticos del pasado que hicieron posible la obra de Eltit, y, que hoy en día, no son sino, un grito romántico reverberado en la memoria colectiva.
El exquisito y extraordinario barroquismo formal de Matria , tratado desde el esteticismo descontructivo, posibilita la captación "de lo real maravilloso americano" (6.) como eje fundante de un imaginario, que trama la desnudez de lo perverso, lo paradojal, lo obsceno, lo inaceptable, lo romántico, lo primitivo, lo exótico, lo desproporcionado, lo trágico y lo lúdico, en cuanto elementos de lo bello, que, en la embriaguez dionisíaca del signo, se descubren entre alucinaciones o espejismos. Así, las alusiones concernientes a las problemáticas surgidas por medio de las relaciones de poder, la visión social desasosegadora para con las minorías sexuales, la imagen edípica o antiedípica del ser humano inmerso en el contexto latinoamericano, la situación decorativa o ineficaz del arte 'objetual-conceptual', la filosofía yóguica consumada en oriente, la energía kundalini -motor espiritual de la conciencia-; se funden en el movimiento rítmico del verso, en el preciosismo lingüístico de la frase y de la poesía. El autor desdoblado en un otro, indaga y conduce la mirada del lector hacia los abismos exorbitantes de la letra, donde sueño y epopeya se conjugan en la experiencia estética del relato, sumido en el vuelo de su fantasía onírica.
"Qué vas hacer barítono incoloro con el juego de tus voces, tus voces que anidaron en la geometría de un enjambre
¡oh, muñequita de huesos decorada de acantos y madreselvas Sabes la imposibilidad de tu viaje Alguien te sorprenderá bajo un farol, bajo tu peine.
Sabes que una bípeda gota de amor te espera en un desierto
Sabes que los tulipanes te sonríen esta noche
Sin embargo, también sabes que aquello es un lúdico parloteo en la rama
más alta de la locura." (7.)
-Palabras de Antonio Silva-.
Notas ___________
(1.) Silva, Antonio: Matria.
(2.) Terminología que refiere a la denominada Escena de Avanzada , nombre que otorgó Nelly Richard al movimiento teórico y artístico iniciado a fines de los años 70 en Chile.
(3.) Silva, Antonio: Matria .
(4.) Deleuze, Gilles: LA IMAGEN-MOVIMIENTO Estudios sobre cine 1, La imagen-percepción. Pág. 113. Traducción de Irene Agoff. Editorial Paidós, 1ª reimpresión 2007, Buenos Aires, Argentina.
(5.) Novela de Diamela Eltit publicada en 1983. Santiago, Chile.
(6.) Tesis expuesta a modo de prólogo en la novela El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier, donde el autor trata dicha concepción, asumiendo y recuperando el calificativo pertinente a la mirada europea para con América en los tiempos colombinos.
(7.) Silva, Antonio: Matria.
BIBLIOGRAFÍA
_ Deleuze, Gilles : LA IMAGEN-MOVIMIENTO Estudios sobre cine 1.
Traducción de Irene Agoff. Editorial Paidós, 1ª reimpresión 2007, Buenos Aires, Argentina.
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